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jueves, 7 de mayo de 2015

Purgatorio

Ese jueves comenzó para Cacho de la forma habitual: despertador a las seis de la mañana; unos mates amargos y bizcochitos con Mirta, su esposa; miró de reojo el noticiero; preparó el cajón de las herramientas; prendió la camioneta y salió a trabajar.
Afuera el cielo ya había clareado, coloridos pajaritos desperezaban sus gargantas con sus trinos, algunas personas esperaban los colectivos en las esquinas, otras viajaban en ellos; las señoras mayores barrían sobre lo ya barrido en sus veredas sin nada mejor que hacer.
Cacho tenía sesenta y tres años y trabajaba en un taller mecánico de autos. Era chapista, como solía decir cuando le preguntaban.
Llegó al local. Abrió la puertita de chapa de la cortina de metal y se metió.
Adentro, Tito - dueño del taller y amigo de toda la vida de Cacho - lo saludó con el mate y se le puso a conversar sobre el partido de fútbol entre Lanús y Olimpo de la noche pasada.
Pasada media hora, Tito avisó que iba a buscar unas facturas para acompañar el mate y salió. Cacho se dirigió al fondo del taller y descorrió el paño de nylon que tapaba un ford Ka negro con un choque bastante fulero en el lado derecho de la trompa.
Al rato dejó las herramientas sobre el capot del ka, agarró el diario deportivo que estaba sobre la banquetita de madera y se fue al baño.
Tito encontró a Cacho muerto sentado en el inodoro, unos quince minutos después al regresar de la panadería.
El tiempo llamaría infarto del miocardio, a la causa.

***
Cacho salió del baño, dejó el diario en la banquetita y tomando las herramientas se dispuso a trabajar en el auto. Corrió el nylon sobre el ford ka tapándolo y se fue al frente del taller, casi al tiempo que Tito entraba por la puertita desde la calle. Ambos charlaron del partido de Lanús y Olimpo y tomaron mate como por media hora, se saludaron y se separaron con la partida de Cacho del lugar.
Había en toda esta secuencia un cierto sabor a déjà vu que él no podía desentrañar. Conocía cada palabra dicha por Tito aquella mañana como si de un guión se tratase. En la calle, mientras manejaba de vuelta a su hogar, cada persona que se cruzaba contribuía a aumentar la sensación de omnisciencia respecto a lo que estaba viviendo.
Apagó el motor de la camioneta, se apeó y fue sacando las llaves del bolsillo mientras se dirigía a la puerta de entrada.
Giró la llavé en la cerradura, entró, besó a Mirta; desordenó el cajón de las herramientas; lo guardó y, como guiado por una secreta voz, le dijo a su esposa que la amaba; que estaba agradecido a la vida por cada día juntos. Ella sonrió y, bajo las arrugas de su ojos, Cacho sintió florecer joven aquel viejo cariño que por ella sentía. Miró de reojo al noticiero; comió bizcochitos con mate amargo acompañado de su esposa y, tras escuchar el despertador, se desvistió y se preparó a dormir mientras el sol de la mañana se ocultaba en el horizonte oscureciendo el cielo.
Bajo una absurda e inefable coherencia - más propia de los sueños que de la realidad - el hombre lo comprendió absolutamente todo. Entonces, con la sonrisa propia de los que saben que ya no existe nada que temer, cerró los ojos y se durmió.

Despertó, se vistió y salió al comedor para cenar. Sus tres hijos de veintitrés, veintisiete y treinta y dos años (los últimos dos con sus parejas y, de entre éstos, la primera además con su hijo de tres años) estaban comiendo el postre previo a la comida. Cacho inició un brindis por todos ellos y les recordó toda la felicidad que sentía por haber conformado una familia tan grande, una tribu tan noble como acostumbraba a decir.
Sus hijos se emocionaron ante tal demostracción de afecto, bastante impropia en el hombre, y la cena fue una velada agradable para recordar.

***
Las horas continuaron transcurriendo hacia atrás, Cacho siguió repitiendo uno a uno cada día que había vivido a lo largo de sus sesenta y tres años. El pelo volvió a crecerle, sus hijos volvieron a la escuela, al jardín de infantes y a nacer. Volvió a encontrarse con sus padres, a conocer a Mirta y a cada una de las personas que lo acompañó en la vida, a aprender cosas, a asombrarse de cada centímetro de mundo explorado; y ante cada día vuelto a vivir (que recordaba con detalles exactos) él pudo remendar cada error que había cometido alguna vez.

Sesenta y cuatro años después, siendo una presencia pura de energía sin nombre en el momento anterior al de su  propia concepción; Cacho volvió a encontrarse - ya libre de toda carga acumulada en su periplo entre los mortales - cara a cara con la Fuente de lo que brota constantemente Todo lo que Es; próximo a continuar su viaje a través del universo.

Y yo... bueno... seguiré narrando su historia.


8 comentarios:

  1. Interesante relato, Elliott, con una muy buena vuelta de tuerca (eso de retroceder en el tiempo). Muchísima tu imaginación, genial.
    ¡Saludos!

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    1. Personalmente concibo la realidad como una sucesión de traducciones cerebrales de estímulos externos diversos.
      Una verdad tan subjetiva y variable como lo puede ser el funcionamiento individual de cada cuerpo.

      Quise, en este cuento, darle al purgatorio ese sentido de "Lugar de purificación" y para eso se me ocurrió que al morir, su alma viviera su vida anterior hacia atrás respondiendo a esa frase tan usada de "¿Qué harías si pudieras vivir tu vida de nuevo?" en una visión más laica, si se quiere; sin más intervención sobrenatural que la plena conciencia de cada momento.

      Gracias por leer y comentar Juan, un fuerte abrazo.

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  2. Compleja e interesante manera de ver la muerte. Un personaje de ficción, un pistolero, decía que la vida es Ka, y Ka es una rueda. Tu percepción tiene de mucho de Ka.
    Saludos.

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    1. Menuda mezcla hacía ese personaje, ya que el Ka es para los egipcios la fuerza vital inmortal de cada ser y es el Karma hindú lo que tiene forma de rueda.
      (Interesantísimo de todas maneras).

      Desde ya enormes gracias por leer y comentar, Raúl, y espero que hayas podido disfrutar - o al menos te haya provocado algo - la lectura de Purgatorio.

      Un abrazo fuerte.

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  3. Siempre me maravilla tu imaginación, tu manejo de la palabra, y la aparentemente simple forma de tratar profundos temas universales. Sin duda el tuyo es uno de mis blogs favoritos. A seguir, amigo!!!

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    1. Muchas gracias por el halago y la lectura, amigo Cronista.
      Cuanto celebro que hayas disfrutado este sencillo relato.

      ¡Un fuerte abrazo!

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  4. Diria que Cacho estaba reviviendo toda su vida antes de dar el último suspiro, retrocediendo en el tiempo, paso a paso de su periplo por la vida. Dicen que es así como sucede. Me ha gustado la narración, felicidades.

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    1. Lo que traté de expresar es la existencia de una vida en un plano alterno a éste.
      Cacho murió físicamente, sin duda alguna, y su alma comenzó a vivir, en tiempo real, hacia atrás; con la facultad sobrenatural de la omnisciencia que lo ayudó a cerrar y a subsanar todos aquellos errores cometidos a fin de poder purificarse - como el concepto de Purgatorio indica.

      Desde ya, te agradezco mucho elcomentario y la lectura, y espero puedas disfrutar de las demás entradas y relatos de este blog.

      Nos estamos leyendo, un fuerte abrazo

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