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miércoles, 24 de agosto de 2016

El ritual (I)




La operación duró apenas menos de una hora.

Si bien con los avances de la tecnología - y la práctica de los cirujanos por ser una intervención de moda - sería de esperar, uno no deja de sorprenderse ante lo rápido que fue dirimido el asunto.
Así y todo, la más sorprendida de esto fue Romina, quien tras esos cuarenta minutos de anestesia consiguió, por la mano del hombre, aquello que la mismísima naturaleza le había negado: tetas.

 
El dolor de los días post operación no podían superar la tremenda sorpresa que sus nuevas formas le causaban. Redondas, firmes y de apariencia natural, su nuevo par de pechos eran – a su opinión y la de su novio – una verdadera obra de arte.

Se sentía, ahora, una mujer completa. Si bien lo había hablado en terapia y entendía que un poco más de carne no hace a la felicidad, Romina no podía apagar en su sangre la sensación de haber terminado la metamorfosis y liberado de su pecho de nena para volverse – con veintidós años – una mujer.

Pero la plenitud no estaba completa. Faltaba un detalle más del que no fue consciente hasta haber leído un mensaje de WhatsApp de una de sus primas que decía: ¿Quemaste los corpiños ya?


Quemar los corpiños… desterrar el pasado, purificándolo en la quema. Volver cenizas la vergüenza y los complejos. El inicio de una nueva Romina.

Tenés razón, Caro. Juntémonos para quemarlos. – Le respondió.
jajaja, dale ;) – Cerró la otra.

 

La luna llena brillaba redonda en un cielo negro sin nubes.

Alrededor de un fogón chico, hecho con maderitas y revistas de espectáculos, se reunían Romina y sus primas Paula, Carolina (hermanas entre sí, con tetas operadas ambas), Mariela (prima de todas, con tetas naturales) y Sofía, madre de Romina y poseedora de un busto natural enorme.

Como si de un aquelarre se tratara, las cinco se dispusieron alrededor del fuego como si fueran las puntas de una estrella invisible. Miraban al cielo, al fuego y entre sí alternadamente. El silencio se espesaba en el ambiente, lo emotivo de ese momento – o tal vez fuera el humo – enrojecía los ojos de las concurrentes.

Romina tomó una caja de tras de sí y la presentó ante sus compañeras.

Los corpiños estaban dispuestos a lo largo, unos sobre otros, como si fueran un grupo de peces muertos.

Es el momento, es la hora – dijo Sofía con solemnidad. Todas se miraron entre sí y asintieron con la cabeza en silencio.

El primer corpiño cayó suavemente sobre la lumbre. La tela comenzó a consumirse rápido rebelando el tortuoso alambre de los arcos.
Romina no pudo evitar sentir un respingo. Soltó un segundo, con relleno, de corazoncitos rojos, que tuvo el mismo final que el anterior.
Uno a uno los siete corpiños que supo lucir, ardieron irreversiblemente, se ennegrecieron y volvieron cenizas y alambre ante sus ojos.
Al terminar el último, las mujeres se tomaron de las manos y en el círculo cerrado recitaron:


Cenizas que lleva el viento,
Ya por esto no me lamento.
El cuerpo del pasado,
en el fuego fue dejado.

El pecho como un niño,
junto al viejo corpiño.
Arde el inútil relleno,
ilumina este busto eterno.


Acto seguido, se levantaron las remeras y la llama anaranjada iluminó sus pechos desnudos. Tanto los de Romina, como los de Paula y Carolina, lucían una turgencia antinatural propia de su condición.
Eran tetas que no conocerían el paso del tiempo o la acción de la gravedad. Serían perfectas incluso en la sombría tumba.
Se bajaron las remeras y se abrazaron entre sí


El ritual había terminado. 

Sintiendo hambre decidieron ir a comer algo, por lo que apagaron el fuego con agua de un tarrito y se alejaron charlando sobre la compra de nuevos corpiños.



Leé todos los cuentos haciendo click AQUÍ


7 comentarios:

  1. El lenguaje es sublime. Uno termina como si no hubiera leído un cuento de tetas, pero, claro, como si la imagen, redonda y finita, hubiera venido repentinamente.
    No sé si reír o asustarme.
    ¡Un abrazo!

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    1. Update:
      Acabo de entrar a Google y esto estaba abierto, lo que me permitió detenerme en un detalle que se me pasó de largo.
      El "(I)" del título llama la atención e invita a la teorización, ¿es a caso la premiza de un ritual (II) o sólo un símbolo sexual que funciona como modificador directo de "ritual"?

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    2. La teta está ahí, la teta te cooooorreeeee (?
      jajajaja

      El (I) hace hincapié en que se viene un (II). Otro protagonista, otro ritual, sin tetas.

      Gracias por leer, ídolo.
      ¡Un abrazo grande!

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  2. Muy loco este ritual. Aunque no lo digan, todas se tienen ganas. ¿Qué necesidad había de mostrarse las tetas así?

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    1. jajajajajaja

      "Arde el ínutil relleno
      ilumina este busto eterno"

      Si tienen las tetas adentro de la remera difícilmente las pueda iluminar el fuego. xD
      Los ritos de iniciación en la vida adulta son rarísimo. Mirá a los voladores de papantla sino, te dan ganas de seguir siendo un nene.

      ¡Un abrazo!

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  3. Te metiste muy bien en la piel de la protagonista, y eso es un mérito para destacar (mi propia experiencia al escribir las vivencias de una protagonista es terrible: dificilísimo hacerlo y lograr ser creíble...).
    Me gustó.
    ¡Saludos!

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    1. Echo la culpa de ello a la formación teatral (4 años a fines de éste).
      El poder darle un cuerpo (movimiento, emociones y una voz) a un texto frío, es un aprendizaje que uno después puede traspolar en la escritura.

      Termino traduciendo en letras lo abstracto de las sensaciones.

      ¡Te abrazo fuerte!

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