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lunes, 3 de agosto de 2015

Domingo en la playa




No importa cuantas vece’ la cuente, pibe, nadie nunca me creyó y me voy a cagar muriendo sabiendo la posta sin ninguna respuesta. ¿Por qué voy a decírtelo a vos?
El tipo era bastante receloso al respecto. En su calidad de estudiante de periodismo, Julián aprovechaba cada ocasión para conseguir una historia. Ahora, en Mar del Plata, hizo una pausa en sus vacaciones para hablar con ese hombre, el cual se decía poseía un misterio inverosímil.
Porque posiblemente lleguemos al fondo de esto y si no – Julián medía con suma precisión la cadencia de su voz y el peso que daba a sus palabras – usted va a limpiar su nombre, Carlos, y la gente va a darle al fin la razón. La razón que siempre tuvo.
Carlos asió el chopp con una enorme y bronceada mano y se tragó en silencio gran parte de la cerveza. Se relamió la barba llena de espuma y tras una breve pausa mirando a la playa fuera del bar, clavó su mirada en la de su interlocutor y carraspeó un poco.
Sacá el coso que usás para grabar, nene, así poné’ clarito lo que te digo y no inventás nada, eh.
Ocultando la sonrisa triunfal, Julián extrajo un pequeño grabador Sony de su mochila la dejó sobre la mesa y sirviéndose agua en su vaso dijo: cuando quiera Carlos, lo estoy escuchando.

No sé que tan creyente serás vo’, pibe, pero uno con sesenta y un pirulos encima ya vio, escuchó y vivió muchas cosa’. De las fea’, de las linda’… pero como ésta pocas ¡Ninguna tan fuerte! Nada tan… tan… - buscaba la palabra haciendo girar su mano en el aire; ¿Siniestro? – ¡Eso! Siniestro – acordó y se llevó instintivamente la mano izquierda al crucifijo que colgaba en su pecho.
Tomó otro trago de cerveza.
Esto pasó en el verano de hace dos año’ atrás. Yo vendía sombrillas en la playa. Un negoción teniendo en cuenta que las vendía casi al doble de lo que las pagaba y que la gente casi te las arrancaba de la mano por lo fuerte que pega el sol.

Me acuerdo que había lindas olas, ese día. Mirá que detalle boludo, ¿No?, pero uno se acuerda a vece’ de cosas sin importancia y se olvida de otras fundamentale’. Bue… hacía un calor como el de hoy ¿Sabés?, un día piola, espetacular para estar en la playa.
Ese día, un domingo creo, me había desayunado unos cacho’ de pizza con unos mate’ amargo’ que me clavaron una acidez padre. Peero, la birra no se paga sola y salí a vender igual.
Estábamo’ todo: el pibe que toca la guitarra cantando cancione’ de Arjona; la vieja gitana que manguean guita; lo grone’ con los anillito’; lo vendedore’ de comida; las vieja que tomaban mate; los banana depiladito’ y musculoso’; las minitas meta fotito’ en el agua; los nene’ que corren. Una tarde de postal, ¿Entendé’? Un quilombo de gente.
En esa, de entre todo lo’ personaje’… aparece un tipo.
Carlos se ensombreció. Se miró las manos buscando las imágenes para continuar. Los segundos transcurrían en la pantallita del grabador y un pesado silencio estaba tomando asiento en su mesa.
Julián decidió acelerar un poco el trámite: ¿Un tipo, Carlos? ¿Qué tiene de raro? Uno más entre tanta gente…
El vendedor volvió en sí parpadeando y soltó: Ese tipo, pibe, o tipa porque pudo ser una mina alta de corte modelo, apareció de golpe en la playa; vestido de negro hasta los pie’, con guante’, bota’ de tela y un pañuelo atado en la cabeza, ¿Entendé’? Todo de negro – completó y miró al muchacho a los ojos buscando su comprensión. Tomó otro trago de cerveza dejando vacío al chopp. La enorme nuez de Adán subía y bajaba al tragar.
El tipo, la mina o lo que fuera me daba mala espina. Decime vo’, con sinceridá’, ¿Quién se viste de negro con guante’, bota’ y sombrero en un día de tanta calor? ¿Eh? Sólo alguien que anda en cosas rara’, pibe, degenerado’, drogadicto’, macumbero’, de eso que te llenan de maiz y gallinas muerta’ las plaza’. Eso acá no se ve, pero yo soy de Wilde y es bastante común allá.
Julián asintió en silencio, con la cabeza, mientras seguía el relato con el mentón apoyado en sus dos puños; el hombre prosiguió: resulta que el tipo (que pudo ser una mina, ojo; pero acordemo’ que era un flaco para no hacer tanta ensalada) tenía en la mano un palo largo con la punta ancha tapada por una tela negra.
Lo miré un rato, me quedé pensando de dónde carajo salió y seguí caminando la playa, vendiendo. De vez en cuando le pegaba una pispeada a ver que hacía el loco aquel, y nada. Seguía parado ahí, mirando al mar sin moverse.
El vestido le quedaba grande, se ve, porque le flameaba con el viento como si fuera una bandera.

Yo sabía que la cosa iba a terminar mal; no me pregunté’ cómo, pero lo sabía. Tanto’ pibito’ dando vuelta’ alrededor del rarito ese…
Pudo haber sido alguien disfrazado, que fuera a la playa a venderles a los padres fotos con sus hijos – interrumpió Julián -  disfrazado de algún personaje de los dibujitos, qué sé yo, como Spiderman o los Backyardigans que están en el Trencito de la Alegría.
¡No!, que espáiderman ni que bayárdigan, pibe; además estaba solo el flaco ¿Entendé’? solo. Pero dejá que te siga contando ¿Sí? así tené’ la historia completa y no se me escapa un detalle.
Dale – respondió el muchacho ante la mirada ansiosa de Carlos.
Entonce’ yo seguía vendiendo y fichándolo de vez en cuando al loquito aquel. En esa los pibe’ se le empiezan a apelotonar alrededor mientra’ les da algo que no llego a ver, como caramelo’ ¿Viste? Y lo’ nene’ iban y venían, llamaban a otros pibito’ y cada vez eran más alrededor del tipo hasta que golpe… no estaban más.

¡No estaban más! ¿M´entendé’? Desaparecieron todos junto’ con el flaco ese. Recuerdo que parpadeé por el reflejo del sol en el agua y ya no estaban.
Me quedé mudo y me empezaron a temblar las pierna’ – Carlos palideció mientras abría muy grandes los ojos y la mano que agarraba el chopp comenzaba a temblar. Estaba aterrado – empecé a ver puntitos de colores por todos lado’.
Al toque la gente empezó a gritar.
Braian, Santino, Valentina, Leo, qué sé yo, Juli, Belén; un montón de nombre’, nene, un montón. La gente se desesperaba; los pibe’ no estaban por ningún lado. Y yo lo vi, ¡Yo lo vi todo! La gente sacando los celulare’, llamando a la policía. Alguno’ lloraban otro’ se peleaban entre sí mientras trataban de calmarse.
Una locura.
Ahí me volví loco yo también. Empecé a los gritos: ¡Busquen al chabón de negro! ¡Se los llevó él! Busquenlón que los tiene él.
Se me vinieron los padre’ encima: las abuela’ y madre’ llorando preguntándome que sabía, los tipo’ queriéndome cagar a trompadas si no hablaba y yo gritando, desesperado, que busquen al tipo alto de negro, al que parece un ninja, ¡Que se los había llevado él!

Miró al vaso de Julián con urgencia. Respiraba pesadamente y su cara había pasado de la transparencia a un rojo intenso, perlada de sudor. El joven empujó suavemente el vaso en su dirección ofreciéndoselo. Carlos lo miro agradecido y tomo un trago.

No los encontraron más.
La policía me tomó declaración pero no me dieron bola cuando les dije que se habían esfumado en el aire. Me trataron de loco, de borracho y hasta de insolado, imaginate.

Pero los pibe’ no aparecieron más. 



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10 comentarios:

  1. Me gustó mucho el uso de la palabra "apelotonar" por parte del viejo de las sombrillas, y me enganchó bastante el cuento. Piola.

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    1. "Reunirse alrededor" es poco preciso.
      Chas gracias por la visita y el comentario, muchacho.

      Un abrazo y nos estamos viendo.

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  2. Una expresión muy espontanea y natural, el relato con su reflejo de agua y sol me sustrajo del frío invierno.
    Un gran abrazo para vos!

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    1. ¡Hola Cristina! Esta historia nació en pleno enero en la costa y quedó pendiente de ser terminada como tantas otras ideas que surgieron allá también.
      Celebro que te haya traído un poco de calor a estos días tan fríos.

      Un abrazo fuerte y nos estamos leyendo.

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  3. Muy buen manejo del suspenso, Elliott, ya un clásico en tus letras (aunque me quedé con ganas de saber más sobre el Hombre de Negro y las desapariciones, ja).
    Seguí así, que vas por el buen camino.
    ¡Saludos!

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    1. Gracias por el comentario y el elogio dentro de éste.
      Posiblemente aparezca más adelante algún relato alusivo al Ser de negro y a los chicos.
      Posiblemente... jajaja

      ¡Un abrazo!

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  4. Cómo disfruté este cuento. Muy bien contado y sin necesidad de ahondar en nada más que en la visión de un solo testigo. Me encantó.
    Saludos.

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    1. Celebro el disfrute, mi amigo.
      Estuve leyendo Shortcuts de Raymond Carver y quise experimentar con un estilo de prosa como la suya: directa, inconclusa y - en algún sentido - contundente e inevitable.

      Muchísimas gracias por leer y opinar.
      Un fuerte abrazo.

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  5. Increible Facu! Impresionante! Con tu relato podria dibujarte la cara de Carlos tranquilamente! Me quede con ganas de saber que paso con los nenes y con el "ninja" jajaj mientras leia imaginaba otro final! No dejas de sorprenderme, te mando un abrazo enorme amigo!!

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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