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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Llorar

No soy un tipo emotivo, de los que lloran.
Pero hoy lloré.
Me senté ante la computadora buscando música clásica para escribir una serie de guiones.

La música clásica siempre me inspira cosas tremendas que exprimen mi creatividad hasta el límite.

Lo que empezó como un lagrimeo producto de la emoción, de escuchar el Dixit Dominus de Haendel derivó en una catarata incontenible de sollozos y lágrimas.
Me dejé atravesar por la música, las voces, los violines, y empecé a escuchar las intenciones, los deseos, el chisporroteo de cada alma dejándolo todo en esa interpretación; y me llené con su luz.
Y, tras el décimoquinto escalofrío de gozo, el agua afloró.

El éxtasis me hizo saltar a un viejo disco de Rata Blanca, y Preludio Obsesivo terminó de quebrar el muro.
Y lloré.
Lloré a los gritos.
Lloré tirado en un sillon.
Lloré por los años que no había llorado.
Lloré bronca, lloré por todos aquellos que ya no están, lloré momentos de felicidad, lloré amores, lloré dolores.

La música seguía sonando y exorcizando por mis ojos la basura estancada de años.
Sin pausa a mis demonios los traje desde el blanco y negro de lo ya vivido y los destrocé con el tsunami de mis ojos y el bramido de mi garganta.
Se rompió el dique, carajo, se partió en un millón de partes y yo lloraba a los gritos, desgarrado, en mi pieza; abriendo en mí una puerta que siempre temí no poder cerrar.

Y lloré hasta que el frío en mi cuerpo se volvió calor; hasta que me sentí tan bien que no necesité llorar más.

Comencé a sanar.

Gracias por leerme.

2 comentarios:

  1. Desahogarse siempre es bueno mientras no molestes a nadie. Llorar es una buena manera de desahogarse. Para muchos la mejor.

    Lamentablemente a mí me cuesta mucho soltar la primera lágrima.

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    1. Yo suelo ser muy duro también para liberar el lagrimón.

      Aunque de vez en cuando el milagro ocurre y santo remedio.

      En ocasiones, es cuestión de saber escuchar al cuerpo y sus necesidades.

      Gracias por pasar.

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