El lugar donde podés leer la Biblia dentro de un calefón

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jueves, 5 de febrero de 2015

Capítulo 1

En el momento en que pisé esa babosa descalzo supe que ya no podría volver atrás.

El bicho se contraía y relajaba, espumante, tratando de no rebalsar; recibiendo dolor en oleadas indescifrables, retorciéndose; y yo prendiendo el segundo Marlboro, mirándola morir al exhalar el humo; sintiendo su dolor, el dolor de las balas sobre mi cuerpo cada noche en mis sueños. Su nítido fuego. La desesperación por seguir respirando.

y ahora tengo que asumir las consecuencias.

Linda noche para estar vivo. Por ser febrero corre algo de aire fresco y una luna cachetona me mira despejada con sus ojos de perro comprador. Las cenizas del pucho se pierden en la correntada y la babosa sigue viva de nuevo bajo mi pie, pie que la acobija estrujándola y soltándola, ahora que sé que no morirá.

Estoy con la cabeza en la guillotina. Resta desatar la soga.

En la plaza frente a mi vereda, algunos pibes juegan a la pelota; alguna que otra parejita se besa bajo la sombra de los árboles; seguramente hay gente que está reviviendo sus ansiedades en los sueños y yo acá, cigarro en mano y babosa en pie, con la brisa de madrugada erectándome las tetillas y erizándome la piel del torso desnudo. Aunque hace rato que no siento el frío.

¿Cuántos más van a caer por esto?

Peino para atrás un rulo de la frente. Le doy otra pitada al cigarrillo y siento su cálido escozor recorrer mi pecho. El Coqui es un pelotudo, viejo, y no hay con qué darle. Me hincha las pelotas vivir limpiando sus cagadas. Exhalo el humo suavemente. Coqui ya no jode. Ni a mí, ni a nadie más. Una pena porque no era mal pibe. Un poco boludón nomás.

Puta madre, che. Que cruel destino el suyo.

Un duna rojo con cumbia al palo. Pasa de izquierda a derecha. Adentro, tres pibas y tres pibes toman  fernet con coca del pico, apiñadísimos mientras hablan y se ríen a los gritos para sobreponerse al ruido.
Seguramente hoy cojan entre todos, en pedo, sudados, sonrientes y con la mirada adormecida, atontada.

Sexo. Irene. ¿Dónde andaría ahora esa vieja putarrona? pienso y no puedo evitar sonreír. Ay Irene Irene... airín, decime nene, así paresse más joligudense, más shic. Sus manos llenas de anillos, el aroma a aceituna que brotaba de su cuerpo de fumadora, el perpetuo chicle de mentol , la sonrisa socarrona, tas lindo hoy, pendejo. no shé a veces que hashés con esa facha perdiendo el tiempo con una vieja como yo. El pelo platinado recogido, los párpados de un denso azul, el vestido ceñido dejando en evidencia un escote abundante y pecoso; donde ves vejez yo veo sabiduría, que despierta mis ansias tempranas, el hambre de tus caricias de cigana experta le respondía al oído una joven versión de mí mismo, en perfecta modulación lejos de su habitual mutismo, sonrojadas las mejillas y con el corazón retumbante. Vení poeta, endulshame el oído mientras te doy lo que venísh a buscar.

Me río y siento mi pene despertándose. Vieja y puta, mi querida Irene. Te voy a querer toda la vida.

Lo del Coqui es bastante simple, se le dijo que cerrara el culo y el tipo lo dejó abierto. Yo no puedo ser traicionado por el pelotudo de turno, sólo porque se siente culpable y quiere salir. De acá no sale nadie, viejo, las reglas son clarísimas desde el primer pie adentro. - me decía el Colorado Giménez cuando le pregunté - Tuve que haberme avivado que el tipo era una manteca, un blandito; no sé como pude ser tan pelotudo yo también. Y fui bueno con él, carajo, fui bueno; le aguanté guita cuando tuvo jodida a la vieja, me banqué cada pelotudez que me decía para pegarse un faltazo. Pero dejalo, vos dejalo y ni sé te ocurra hablarle, Rulo eh - lo miró serio un segundo, soltó las cenizas del pucho sobre la mesa y exhaló - a este perejil lo limpio yo.

La babosa consiguió salir del arco de su pie y maltrecha pero viva se alejaba reptando hacia el frío arreciante de la noche.

¿Te vas a quedar en la vereda? - Sí, Ma, en un toque entro - Bueno, tené cuidado. Dame un beso que me voy a dormir. - Hasta mañana. - Que descanses. Y entró dejando la puerta de calle entreabierta.
Y ahora vienen por mí. Porque me la busqué. Por haber sido un hombre cuando debí ser una rata de cloaca. Mi vieja durmiendo, mis hermanas dentro mirando la tele, hablando con los novios, disfrutando su noche. Todos felices, con el estómago a rebosar de asado hecho por las infalibles manos de mi viejo. Mi viejo. Papá. Gracias por haberme hecho hombre, por los valores, porque aunque nunca te haya dicho nada siempre comprendiste todo.


El Volkswagen bora negro de vidrios polarizados frenó súbitamente en el cordón de su vereda tras haberse materializado sin hacer ruido.
La ventanilla derecha de atrás bajó suavemente con un zumbido eléctrico casi inaudible. Del interior del auto, un caño igual de oscuro emergió y emitió varios fogonazos amarillos.
El cuerpo de Rulo recibió tres impactos casi en simultáneo. Cayó contra la persiana de la ventana haciendo tal ruido que el auto desapareció tan rápido como había llegado y su familia salió sobresaltada a ver lo que había ocurrido.

La premonición en sus sueños, el ardiente beso del plomo.

Rulo respiraba con dificultad en los brazos de los suyos, mirando a la Muerte a la cara con los ojos bien abiertos.
Ríos de sangre fluían pecho abajo. Ante los gritos desesperados de ayuda y llamadas a la ambulancia, dejó esta vida como la había vivido: con una sonrisa en los labios.




2 comentarios:

  1. ¿Es el primer capítulo de una novela, Elliott?
    Muy buen nivel de cotidianidad en tus letras, mezclada con dosis de violencia muy bien transmitidas al lector. El punto de vista del asesino, luego asesinado.
    Me gustó.
    Saludos.

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    Respuestas
    1. Es el primer capítulo de una novela que hace fuerza por no postergarse y seguir desarrollándose.

      Yo soy de lo que piensan que si bien es positivo el uso de un vocabulario amplio, en la vida; a la hora de relatar son necesarios diálogos posibles, de palabras cotidianas, para dotar de una Realidad más sólida al texto.

      Quedan muchos misterios por crearse y develarse aún (el más fuerte hasta ahora: el nombre de la novela, que aún ni yo conozco) y espero que la musa me acompañe un ratito más.

      Saludos y gracias por comentar.

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